Desde la antigüedad el hombre fue consciente de la insalubridad de estar expuesto a sus propios excrementos y los pueblos más primitivos ya tenían cuidado de, al menos, alejarse de los lugares de vivienda para hacer sus necesidades.
Sin embargo, con la aparición de los primeros núcleos de población, eliminar los excrementos empezó a convertirse en un verdadero problema no sólo por la falta de intimidad, sino también porque se contaminaba el agua potable y se propagaban enfermedades infecciosas.
La primera solución a esto fue la letrina: un agujero en el suelo, pero como muchas culturas bebían de manantiales o pozos cercanos a las casas, podía traerles complicaciones. A su vez cuando llovía, el agua se filtraba a través del terreno hasta alcanzar el nivel freático.
Los romanos solucionaron el problema con un sistema de cisternas y alcantarillados donde mediante el agua corriente se eliminaban los excrementos a través de una alcantarilla.
De esta manera el agua se llevaba los excrementos lejos y no permitía que los gases se acumulasen donde había gente.
En el siglo XVI, Sir John Harington desarrolla un sistema parecido a los actuales, pero parece que hacía mucho ruido y era necesario, además, desarrollar un mecanismo que hiciera imposible que el olor volviese a salir del “trono”.
La solución la dio Alexander Cummings, un relojero de Londres, en 1775 con su patente 814: el sifón. El sistema es simple pero eficaz, y consiste en una tubería en forma de S. Cuando el agua pasa por el sifón, la parte inferior de la S siempre queda con algo de agua, que actúa de cierre hermético del resto de la tubería (que conecta, tarde o temprano, con la alcantarilla). De este modo, los gases que pueda haber “al otro lado” no pueden salir, de ahí el nombre de inodoro y es posible instalar todo el invento dentro de la casa.
El sistema de Cummings fue el punto de partida para otros diseños.
Finalmente, en la década de 1880 Thomas Crapper empezó a fabricar inodoros baratos y de gran calidad, lo cual hizo que se extendieran por muchas casas. Su diseño era ya muy parecido al nuestro: una cisterna que se llena de agua y tiene un tapón; cuando se tira de la cadena o se acciona la palanca se destapa la cisterna, y el flotador cierra la entrada de agua cuando la cisterna se ha llenado de nuevo.
Pasaron los años y el hombre trató de perfeccionar el sistema...
¿Cómo se usa el inodoro en el espacio?
En las cápsulas de los años 60 y 70 no había baños. Los astronautas usaban un sistema de bolsas de plástico pegadas al cuerpo para recolectar sus necesidades, un proceso que era incómodo y propenso a accidentes en gravedad cero.
El valor científico de la "caca lunar"
Aunque hoy se considera basura, para los científicos actuales esas 96 bolsas son un tesoro biológico:
Supervivencia microbiana: Los científicos quieren saber si las bacterias presentes en las heces humanas han logrado sobrevivir o mutar tras más de 50 años expuestas a la radiación extrema y las temperaturas de la Luna.
Implicaciones para Marte: Si los microbios sobrevivieron, esto sugeriría que la vida podría resistir viajes interplanetarios, lo cual es vital para futuras misiones a Marte.
Para usar el inodoro los astronautas deben sujetarse con agarraderas para los pies, mientras el sistema genera un flujo de aire que transporta los desechos sólidos a un compartimiento especial. Para la orina, cada tripulante dispone de un embudo personal con ventilador que la dirige a un depósito, evitando escapes y facilitando la higiene.
Cuando se llena el depósito de orina, se abre una compuerta y se tira al espacio, donde luego se evapora. Pero con la materia fecal, no ocurre lo mismo. Es por ello que las heces son depositadas en un contenedor con distintos filtros y extractores de aire, pero siempre son guardadas en la cápsula y vuelven a la Tierra.
La gestión de residuos en el espacio es una preocupación permanente para los ingenieros y médicos de la NASA. Los antecedentes recientes lo confirman: en 2021, una tripulación regresó de la EEI utilizando pañales improvisados por una avería en el baño de la cápsula Crew Dragon. El UWMS busca evitar ese tipo de contingencias y ofrecer una experiencia lo más parecida posible a la vida en la Tierra.
Es la primera vez que se instala un inodoro real en una misión al espacio profundo. Las misiones Apolo que llevaron astronautas a la Luna en las décadas de 1960 y 1970 no disponían de retrete ni de una zona para el baño designada a bordo. Aquellas tripulaciones utilizaron bolsas para recoger desechos en su viaje a la Luna. Dejaron esas bolsas en la superficie lunar para reducir la masa y el riesgo de contaminación durante su viaje de regreso a la Tierra.
En la micro gravedad, no hay mucho que te sujete, y mucho menos tus heces. La nave Orión tiene pasamanos y correas de sujeción para los pies que mantienen a la tripulación segura durante la ida al baño. El retrete tiene un embudo unido a una manguera para la orina y un asiento para los residuos sólidos. El flujo de aire automático, que ayuda a reducir el olor, aleja los residuos del cuerpo y los deposita en recipientes de almacenamiento separados.
El inodoro de la nave Orión costó USD 23 millones
Si por alguna razón no se puede reparar el retrete del Artemis, los astronautas recogerán su orina en bolsas. La tripulación podrá seguir utilizando el retrete para defecar, aunque es posible que el flujo de aire no funcione.
Durante las misiones más largas, como las realizadas a bordo de la Estación Espacial Internacional, los astronautas reciclan sus residuos líquidos y los vuelven a procesar para convertirlos en agua potable. Pero como la misión Artemis II solo dura 10 días, la tripulación expulsará la orina de la nave diariamente.
Los residuos fecales se almacenarán en un contenedor de recolección equipado con filtros para controlar el olor y la acumulación de gases. Se eliminarán una vez que la tripulación regrese a la Tierra,
El valor científico de la "caca lunar"
Aunque hoy se considera basura, para los científicos actuales esas 96 bolsas son un tesoro biológico:
Supervivencia microbiana: Los científicos quieren saber si las bacterias presentes en las heces humanas han logrado sobrevivir o mutar tras más de 50 años expuestas a la radiación extrema y las temperaturas de la Luna.
Implicaciones para Marte: Si los microbios sobrevivieron, esto sugeriría que la vida podría resistir viajes interplanetarios, lo cual es vital para futuras misiones a Marte.
La misión Artemis II ya dejó claro que la exploración profunda exige tanto tecnología de punta como soluciones prácticas para la vida cotidiana. El inodoro espacial, lejos de ser un detalle menor, se consolidó como una pieza central en la arquitectura de las naves del futuro.
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